miércoles, 17 de julio de 2013

Mi Propia Guerra






Mi Propia Guerra



estando en la guerra todo era una locura
-Contaba el anciano a su pequeño nieto-

lo mas aterrante eran las bombas caídas en los campos llenos de rojos cuerpos en el suelo,
la sangre era un río paralelo al de agua cristalina.
mientras yo avanzaba con la tropa, caían heridos los soldados dejando balas al aire,  estaba empeñado en eliminar a mas personas enemigas que cualquier otro, quería obtener una medalla elaborada a base de sangre,  y una pensión brindada a los altos héroes de la mayor guerra que a enfrentado nuestro país en la historia.

Mientras Pascual Serrano contaba sus anécdotas, Martín, su nieto, se acomodaba en la pequeña silla en la cual solo él cabía,
Sorteaba a los muertos tirados en el suelo como maniquíes en posiciones extrañas,  montones de tierra por las granadas como cráteres lunares por doquier.  Avanzaba con solo una idea en la cabeza, la de matar a quien ose cruzarse en el perímetro de mi vista.

Estuve a punto de volar por los aires cuando una bomba cayo cerca de mi ubicación,  pero al ver que venia a lo lejos corrí lo mas rápido que pude y me oculte tras unas rocas grandes, a los de mi bando los veía caer como fichas de domino, pero  avanzamos al fin, cuando crei que podríamos ganar esta guerra, llegaron los bombarderos de la línea enemiga, descargando su arsenal en nuestras bases, solo oiga gritos desgarradores indicando la muerte próxima de lo que antes eran mis compañeros de campaña en los tantos entrenamientos en el cuartel.

Impávido corrí aun mas fuerte hacia delante descargando las municiones que deseaban alojarse en la carne fresca,  acercándome cada vez mas a la base enemiga, sentí  un frío gélido en mi pecho, era la sangre que al salir de mi cuerpo se enfriaba rápidamente, sentí mareos y la vista era cada segundo mas nublada  hasta que caí en la hierba mojada!

Me desperté con luces cegándome la vista, no sabia donde me encontraba, cuando mis ojos se adaptaron a la luz que en la habitación reinaba, me di cuenta que estaba en un hospital. Luego de que me explicaron que me encontraron moribundo y mi sangre acabándose de a poco saliendo de mi cuerpo me llevaron a la tienda de campaña para tratar de salvarme.

Mientras el anciano terminaba de decir esas palabras se dio cuenta que su nieto estaba dormido en una posición extraña por estar dormido en una silla, rápidamente se levanto y sostuvo entre sus brazos a Martín y lo llevo a la cama, dio un beso en la frente de aquel niño.
Salio de la habitación y en pensamientos se dijo:

”Espero que mi nieto no se entere que no fui a la guerra, quizá algún día se entere que solo fui y soy un albañil. Un viejo albañil”