lunes, 6 de abril de 2020


ENC(T)ERRADOS



Ya nada es normal, todo está desencajado, casi irreal, la muerte nos visita con su marcha nupcial que tanto le agrada tocar, de aquí para allá; Bolsas negras regadas por doquier, muertos sin nombre, escondidos, olvidados, sin zapatos, sin camisa, sin pena ni gloria, apilados.

Perdemos amigos, familiares, conocidos, el vecino de la tienda, la veci de la verdulería, el zapatero, el afila cuchillos, el señor de "limones one dólar", alguno que otro huevón por ahí, una abuela, un tío, más cada día. Nos dejan morir. Nos ven morir.

Nos desintegramos en cajas de cartón.

La desilusión impera en nuestras cabezas, somos solo un juego de ajedrez donde caemos sin importarle a nada ni a nadie. Quizás el problema seamos los que quedamos, los muertos (en tal caso) ya descansan. ¿Y nosotros? quedamos con la carga en la espalda ¿Dónde conseguimos una espalda de repuesto?
Este juego entre la vida y la muerte puede ser realmente cruel.

Anormal, todo es anormal comentan, ¿Qué es lo normal? ¿Cómo se ve lo normal?
Este país no iba a ningún lado, o más bien sí, al fondo del fondo. ¿Saldremos algún día?

La ciudad ya no duerme, avanza día tras día, noche tras noche, pena tras pena. Llanto, solo llanto.

Vivimos sin vivir, dejamos pasar los días, las horas se desgastan mientras pasamos metidos en un bus destartalado, los minutos se gastan mientras no sabes si pedir club o pilsener, los segundos se gastan mientras deslizas la pantalla del celular llenando de corazones tu dedo.

Y en esa espera, desgastamos la vida. ¿Cuánto nos queda por andar? ¿Qué hay más allá?

Todo esta copado, el mundo de estupidez, la gente de idiotez, los cerebros de pendejez, al final (quizá) la plaga somos nosotros. Llanto y más llanto.

¿Y al final de todo que nos queda?
Dejar muchas preguntas sueltas.


                                                                            Leuzemia - El Asesino de la ilusión