martes, 3 de enero de 2017


!IN-FELIZ AÑO NUEVO! 



Arrastrando los pies y con desánimo caminaba por los pasillos del mercado central, los zapatos a duras penas cumplían con su objetivo, desgastados, casi inservibles. Uno deportivo blanco o algún día lo fue, el otro, de cuero, pudo alguien alguna vez utilizarlo en una importante reunión.
El pantalón alguna vez tuvo mejores momentos, ahora una incontable fila de manchas desfilaban en la prenda.
agujeros que pemitian ver su piel lastimada era su camiseta, unos grandes otros muy pequeños, como si hubiese librado una batalla en un campo minado.
su rostro flaco, desganado, la vista al suelo
de su boca salió un -cuanto cuesta un almuerzo?-
recitando el menú de memoria y el valor, la casera del mercado se dio vuelta y continuó en sus labores.
¡me da uno!
se sentó
mirando al piso con los brazos entrecruzados espero su comida.

Caminando diligentemente una señora se acercaba, su mirada de izquierda a derecha inspeccionaba las mesas cercanas.
rápidamente divisó al joven sentado cabizbajo.
Se sentó junto a el
-como has estado- preguntó la señora
-pues eh tenido mejores momentos- respondió el chico después de varios segundos
mirándolo fijamente, inspeccionando cada centímetro, intentando recordar lo que era, casi imaginando lo que pudo haber pasado allá, afuera, quiso llorar, se contuvo.

-y que harás ahora?-
-no lo se, hay muchas cosas que se pueden hacer en la calle, aunque no todas sean buenas-
-cuídate mucho-
-lo he hecho razonablemente bien hasta ahora no?-
-si, pero a que costo-
-la vida tiene no siempre es buena con todos, o a mi me cobra demás-

hubo un silencio incomodo entre ellos, no sabían quien retomaría la palabra. La señora quiso decir algo pero decidió callar, ya se había dicho mucho sin hablar.

El silencio continuaba, él pensaba que no quería estar ahí, ella casi llorando quería  alargar el tiempo tanto como sea posible.

Al fin, el muchacho se levanto, sin regresar a ver y sin despedirse se alejó.

Estiro los brazos intentando alcanzarlo, fue en vano. Tantas cosas se acumularon en su cabeza que no supo que hacer, mas solo le sirvió llorar.
En el fondo, adentro, sabía que no lo volvería a ver, nunca mas vería a su hijo.

Mas tarde, siendo en punto las 12 de la noche, ella no tendría a quien abrazar.
Él ya solo sería parte de las estadísticas, un número, una noticia, una cifra de año nuevo.







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